¿Qué le pasa a mi hijo?. Un buen recurso para conciliar el sueño.

En bastantes ocasiones no entendemos el “mal” humor de nuestros hij@s al levantarse, siempre pensamos que la noche repara y que, a la mañana siguiente, todo lo que le inquietaba el día anterior habría desaparecido… y yo, cuando escucho esto suelo preguntar por cómo es la experiencia adulta en esos casos; la respuesta ya la sabéis, no es fácil aparcar, olvidar inquietudes y, en ocasiones, la noche no es lo reparadora que nos gustaría…

Mis hijos, ahora adolescentes, han sido y son para mí una fuente de reflexión, una motivación insaciable para buscar y aprender nuevas formas, nuevas estrategias, un chute de energías transformables y transformadoras que aún sigue generando más y más cuestiones, más preguntas a las que doy el espacio necesario hasta que, de una u otra manera, comienzo a encontrar respuestas.

Si me retrotraigo años atrás recuerdo sobre todo una etapa en la que, para uno de mis hijos, dormir era un auténtico sufrimiento… pesadillas, despertares inquietantes en mitad de la noche, llanto mientras dormía, conversaciones infinitas que no podíamos traducir… algo ocurría, claro que sí y no se trataba solo de conocer el qué (eso lo sabíamos) se trataba de buscar maneras para que el mismo pudiera aprender recursos propios y alcanzar la suficiente calma. Aprendimos a meditar en familia, a hacer ejercicios de relajación, a hablar de nuestras emociones y permitirlas, contábamos cuentos, pero al caer la noche, las pesadillas volvían y le costaba dejarse acariciar por Morfeo, era todo un reto que no siempre lográbamos.

Tenía 6 años cuando descubrimos un método de meditación específico, basado en el mindfulness o atención consciente y amable a través de Eline Snel, una terapeuta holandesa que, sin duda, nos ayudó no solo a que él durmiera mejor, sino que logró y logramos aumentar nuestra serenidad y poder continuar el camino más seguros y, por qué no decirlo, más conectados si cabe.

“Tranquilos y Atentos como una rana” de E. Snel se convirtió en nuestra guía de cabecera; se trataba de aprender a estar presente de manera consciente y amable, poder percibir la inquietud del cuerpo, dar lugar a la alegría, la tristeza o el enfado mientras sucede. Como refiere la propia autora “No puedes influir en el comportamiento del mar. No puedes detener las olas, pero sí puedes aprender a surfear, a practicar el surf sin vela”.

No se trata pues de ignorar o de relativizar, muy al contrario, se trata de observar la realidad sin reprimirla, sin juzgarla, sin dejarte arrastrar por ella… observar para poder tomar nuevas y mejores decisiones.

Os dejo por aquí un ejercicio que, sin duda, nos ayudó y espero que también a vosotr@s pueda ayudaros en el momento de conciliar el sueño “Buenas Noches. Tranquilos y atentos como una rana”.

Eline Snel. Tranquilos y atentos como una rana. Buenas noches

Si estás presente, estás aquí.

Te deseo un lindo día💜

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