May, entre la VERGÜENZA y la CULPA

La vergüenza es una emoción complicada, puesto que es lo que sentimos en relación con los otros; suele ser dolorosa y provocarnos estados personales que no siempre somos capaces de manejar con facilidad. Sentir vergüenza puede provocarnos deseos de escondernos, de desaparecer y en ocasiones, puede llevarnos a atacar a la persona ante quien nos sentimos avergonzados.

La manera de repararla es tan sencilla y tan complicada como restablecer el contacto visual, la conexión emocional y desde ahí restablecer el buen humor. EQUILIBRIO.

La culpa tiene más que ver con algo que la persona ha hecho y de lo que se arrepiente y de ahí, el deseo de reparación. Llegar a ese deseo pasa por reflexionar y pensar sobre la otra persona, sobre lo que le provocó aquello que le hicimos. Se liquida en un acto de reparación.

May tuvo un incidente en el cole. Ese día disfrutaba con sus amigas de una conversación divertida cuando alguien les increpó. Intentó en varias ocasiones que dejarla de hacerlo, finalmente, ante la molesta situación se dirigió a él y le gritó, le insultó y le empujó. El niño cayó al suelo y asustado comenzó a gritar.

May se sintió fatal y ante la mirada de otros niños y de algún profesor no pudo regularse como en otras ocasiones. Lejos de disculparse y reparar (culpa) comenzó a atacar verbalmente al chico para evitar conectar una vez más con su vergüenza; me contaba que su único deseo en ese momento era desaparecer.

Por supuesto, ella asumió la consecuencia de sus actos, eso no era un problema. Para ella, la mayor dificultad fue que nadie viera la situación completa. Como en otras ocasiones, repetidas para ella, al chico que provocó el desajuste nadie le preguntó nada, las personas que miraban quedaron en silencio, las que intentaron reparar lo hicieron unilateralmente y ella volvió a cargar con la etiqueta de “culpable” (social) y con la vergüenza (individual), que le desbordaba cada vez que algo así ocurría.

Y es que aquí habría que poner otro ingrediente: el orgullo. La historia escolar de May estaba llena de circunstancias donde ella no se había sentido vista y que le habían llevado a expresar ira para eludir la vergüenza (protección), un salvavidas que ahora le costaba dejar a un lado.

Cada vez que algo así ocurría, la próxima sesión era un torbellino de emociones encontradas, que una a una había que volver a recolocar. Hacía grandes esfuerzos para recuperar la calma, necesitaba sobre todo alguien que confiara en sus buenas intenciones y con quien poder hablar con algo más que palabras.

Y sí, ambas, vergüenza y culpa, pueden presentarse en diferentes intensidades, pueden tener una función protectora y, cuando se repiten en nuestra historia, pueden llegar a ser un verdadero problema; aun así, la vergüenza, de facto, atacará en mayor medida la autoestima, dado que va ligada al “ser”, mientras la culpa suele ir de la mano del “hacer”.

“La capacidad de generar intensidades moderadas de vergüenza y orgullo es clave para la regulación del eje vergüenza-orgullo, a lo largo del cual fluctúa la autoestima”.

Nathanson, 1987

BIBLIOGRAFÍA

  • HILL, D. (2018). Teoría de la regulación del afecto. Un modelo clínico. Eleftheria: Barcelona
  • HUGHES, D. A. (2019). Construir los vínculos del apego. Cómo despertar el amor en niños profundamente traumatizados. Eleftheria: Barcelona

* Artículo respetuoso con la diversidad. Intento utilizar lenguaje inclusivo y no sexista siempre que me es posible. He decidido minimizar los desdoblamientos y el uso de x, @, / para facilitar su lectura.

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