BUEN TRATO, UN CONCEPTO A «TRATAR»

Eva, te puedo asegurar que intento dar a mis hijas todo lo que yo no tuve ¿Qué más quieren?, ya no sé qué hacer, estoy desesperada y ahora esto.

Quizás la cuestión no es dar “todo lo que no tuve” sino “ofrecer aquello que me hubiese gustado que me dieran y, mis muchos años escuchando esta frase, me permite decir rotundamente que, el noventa por ciento de las veces, no soñamos con haber tenido más “cosas” sino más atención, más comunicación, más compasión, más acurruques, más abrazos, más “te quiero” antes de dormir, más aliento, más confianza… más PRESENCIA Y CONEXIÓN.

Y es que, es tan complicado en este mundo que va tan rápido parar para reflexionar que, en muchas ocasiones, no nos damos cuenta de los automatismos en los que nos movemos.

Pasar de un modelo de déficits a un modelo de bienestar, de mirar lo que nos falta a poner atención a lo que sí tenemos, pasar del control al acompañamiento, a la guía, al aliento; pasar de métodos más punitivos a métodos enfocados en soluciones. Y así romper la espiral.

Hablar de BUEN TRATO es hablar de amor, de respeto, hacia sí misma y hacia las demás; El buen trato comienza por ser capaz de ver que gran parte del sufrimiento, del malestar de nuestros chicos y chicas va de la mano de nuestra incompetencia adulta.

Y si es así, ¿Qué podemos hacer?. Voy a intentar desgranar un poquito.

El buen trato conlleva tener en cuenta las competencias parentales y, por supuesto, las necesidades de niños, niñas y adolescentes (NNA), pero no solo esto. El buen trato va más allá de la suma de estos factores dado que vivimos en sociedad y contar con recursos comunitarios (ayuda a padres y madres + ayuda a NNA) se convierte en una de las mayores prioridades para satisfacer el bienestar infantil.

En la práctica, las competencias parentales podrían definirse en la manera en que cuidamos, educamos, protegemos a nuestros hijos e hijas para que se desarrollen de manera sana, para que crezcan acorde a su edad, sus necesidades (físicas, emocionales, mentales y sociales). Por suerte, la mayoría asumimos esta labor; y no podemos olvidar la minoría que no lo consigue y para los que la labor comunitaria se convierte en la clave (parentalidad social).

Pepi se empeñaba en ocupar todos los “vacíos” de Sara. Trabajaba cada vez más horas porque Sara “necesitaba” ropa, un móvil a la medida de la imposición social, ir al cine y tomar una hamburguesa después, no permitía la tristeza (ya ella había sufrido por ambas) y ante cualquier atisbo de ésta inventaba mil planes que lograban que Sara apenas la rozase. Ante situaciones complicadas de rabia o malestar era tajante y un “porque lo digo yo” cerraba cualquier posibilidad de negociación.

Así las cosas, ella creía firmemente que cubría sus necesidades. Las necesidades de atención “no he hecho otra cosa desde que nació”; las de de comunicación “siempre he escuchado lo que me pide y a la vista está que tiene de todo, cuando se enfada por cosas que no pueden ser es tremenda y tengo que pararle los pies”; las de afecto y de compasión “ella sabe que la quiero pero no somos mucho de decirnos estas cosas”; las de aliento y confianza “cuando hace las cosas bien se lo digo e incluso la premio, a veces sin poder; ella sabe que en el fondo confío en ella”.

La visión de Pepi sobre el trato a su hija sin duda era positiva, nunca se había parado a pensar que en la medida que ella intentaba cubrir todo lo posible, restaba las posibilidades que Sara tenía de desarrollarse, de crecer e ir adquiriendo autonomía, responsabilidad. Por supuesto no había maltrato físico, nunca había pegado a Sara, ni la había insultado; quizás lo que venía incomodándola era que a medida que Sara crecía la distancia entre ellas también lo hacía y aunque se empeñaba, no lograba conectar con su hija.

Pepi creció en un entorno deprimido, donde sus necesidades no fueron tenidas en cuenta, donde no supieron o pudieron acompañarla en su crecimiento, no contaban con habilidades, capacidades parentales suficientes y fue criada a golpetazos de rabia, sin apenas cobertura material y bastante menos emocional, fue una niña dañada… la espiral, posiblemente continuó por la falta de recursos sociales y comunitarios que podrían romper la trasmisión generacional.

Pero a Pepi, su día a día le fue poniendo delante otras formas de hacer, otras personas con las que al principio se comparaba y que poco a poco fueron convirtiéndose en “personas que me hacían pensar, que me decían que algo no iba bien y así era, Sara ya estaba demasiado perdida”.

Y es que, ser una mamá competente, un papa competente es complicado. La mayoría nos enfrentamos a la parentalidad de manera casi automática, poniendo en práctica lo que de manera inconsciente hemos vivido y que de una u otra manera nos hizo crecer.

A veces, como en el caso de Pepi, logramos ver que “algo no va bien” y es entonces cuando hay alguna posibilidad de romper la espiral.

Ella no muestra rencor hacia sus padres y ha logrado incluso reconocerles, agradecerles “no pudieron hacer otra cosa, eran otros tiempos y nadie les ayudó”. Aquí quizás esté una de las principales claves: fueron capaces de ofrecerle una hoja de ruta que, llegado el momento, pudiera revisar y mejorar, se sentía agradecida.

Y no era suficiente. Cuando Pepi llegó, comenzamos por mirar las relaciones que establecía con sus hijas y concretamente con Sara, la mayor. Aceptar que Sara crecía y tenía sus propios gustos, sus propias formas de hacer, fue la casilla de salida.  Aceptación incondicional.

La aceptación implica amor y afecto y, aunque lo sentía, a Pepi le costaba trasmitirlo de manera directa y evidente. Es increíble el poder de un abrazo, de un “te quiero”. A medida que ambas se iban permitiendo expresiones afectivas cotidianas (besos, abrazos, miradas) iban recolocándose y disminuyendo el malestar.

En ocasiones Sara se sentía confusa, sobre todo en los momentos en los que tocaba establecer un límite, revisar una “norma” familiar. Pepi intentaba nuevas formas y, en este intentar, caía en patrones antiguos en los que imperaba la rigidez o, en su afán de considerar la opinión de su hija, casi sin darse cuenta rozaba la permisividad.

Lograr que límites y afectos vayan de la mano es, a veces, una empresa complicada.

Respetar su grupo de iguales y proporcionarle estímulos de crecimiento sano, a la vez que seguridad en la familia, fue formando parte de la dinámica entre ellas y Sara fue adquiriendo mayores cotas de autonomía. Poder tomar decisiones, a veces buenas decisiones y a veces equivocadas, lograba que Sara fuera aprendiendo a resolver de otra manera, desde otro lugar.

La comunicación entre ellas se fue ampliando y “amplificando”. A medida que Sara se iba sintiendo reconocida podía compartir cuestiones importantes para ella y participando de la vida familiar. Pepi empezó a estar más presente, más conectada.

Acompañar a Pepi y a Sara no fue fácil. La distancia emocional de la que partían era complicada. A sus 16 años, y poco a poco, Sara fue tomando su sitio en la medida que Pepi adquiría el suyo y podía mirar el daño, el sufrimiento de su hija.

El Buen Trato requiere por tanto visiones positivas de nuestros hijos e hijas, expectativas constructivas, aceptación y respeto a las diferencias, comunicación consciente, enfoque en soluciones… AMOR.

Es imprescindible la constancia, la coherencia y la perseverancia con nuestras hijas e hijos;

la PRESENCIA y la CONEXIÓN son las bases para no perder el rumbo.

BIBLIOGRAFÍA

  • BARUDY, J. y DANTAGNAN, M. (2009). Los buenos tratos a la infancia: parentalidad, apego y resiliencia. Barcelona: Gedisa
  • ESCUDERO, V. (2020). Guía Práctica para la Intervención Familiar. Segunda edición, ampliada: abril de 2020. Junta de Castilla y León Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades. Gerencia de Servicios Sociales.
  • NELSEN, J (2001). Disciplina Positiva (2ª Ed 2006). México: Ruz


* Artículo respetuoso con la diversidad. Intento utilizar lenguaje inclusivo y no sexista siempre que me es posible. He decidido minimizar los desdoblamientos y el uso de x, @, / para facilitar su lectura.

Un comentario en “BUEN TRATO, UN CONCEPTO A «TRATAR»

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s