PROFECÍAS AUTOCUMPLIDAS Y EFECTO PIGMALIÓN

Cuando no puedes avanzar

Llegó devastada, no había ni una sola palabra bonita hacia ella misma. Solo tenía quince años y un montón de experiencias que le hacían ser quien era, Nuria.

Silenciosa, cabizbaja, tan solo podía percibir sus preciosos ojos cuando justo al entrar, la saludaba y ella me sonreía con esa sonrisa impostada que, en ocasiones, y esta fue una de ellas, era el único recurso de inicio.

Tenemos claro la influencia del trato que madres y padres damos a nuestros hijos e hijas y demasiadas personas desconocen lo que puede llegar a influir un pensamiento, una actitud, una expectativa o tan solo un tono de voz.

Vemos a nuestros hijos e hijas de una determinada manera, les atribuimos características que pueden o no tener, capacidades que son o no propias y sobre todo, atribuimos con bastante facilidad defectos o cosas extraordinarias que, como las anteriores, pueden o no poseer. La realidad es que todas, ciertas o no, los modelan y pocas veces lo tenemos en cuenta pero marcarán gran parte de su historia.

Nuria nació en una familia donde la enfermedad mental estaba muy presente y aunque ella nunca había sido diagnosticada su madre siempre pensó que “no era una niña normal”.

Allá donde iba, su madre, dejaba claro sus déficits, sus dificultades para relacionarse, sus pocas palabras y, desde hacía un tiempo, también su agresividad.

Nuria tenía un problema y no era ella sino como diría Nardone “el etiquetado patológico” que iba construyendo a su alrededor relaciones que se iban edificando en base a esas etiquetas.

A Nuria le costaba especialmente experimentar y expresar emociones, no solo por su edad o porque “ella no sabe nada de nada sino porque las reacciones de quienes le rodeaban al expresar miedo, tristeza o rabia eran normalmente parecidas “eres una blandengue”, “ya salió la fiera esto no es un zoo” o “como si llorar te fuera a servir de algo”.

Jamás Nuria había escuchado a su madre decir que estaba triste ni llorar, al contrario, la frase que ella siempre recordaba era “ya tenemos bastantes problemas como para uno más, aquí nos levantamos y p`alante”.

Así las cosas, Nuria no se atrevía a mostrar miedo, rabia o tristeza y llorar era algo para lo que ella “no había sido traída al mundo”.

«Cada cosa que pensamos está dándole forma a nuestro futuro»

Louise Hay

No descubro nada al decir que las personas construimos nuestro día a día sobre nuestras vivencias y éstas, pueden ser impostadas. Me explico.

Cuando continuamente y sin argumentación alguna me anticipo a lo que va a pasar e incluso a las consecuencias que vendrán después, mi percepción va sesgándose; día tras día aprendo a reaccionar de manera parecida según la experiencia previa en una situación similar, claro que si -como digo- no hay una base “lógica” pues la cosa se dificulta y es entonces cuando podemos hablar de profecía autocumplida.

Robert K. Merton (sociólogo, 1910-2003) en su libro Teoría social y estructura social, la define como: “La profecía que se autorrealiza es, al principio, una definición `falsa´ de la situación, que despierta un nuevo comportamiento que hace que la falsa concepción original de la situación se vuelva `verdadera´”.

Ohhh! ¿y entonces?, está claro que no es fácil y que Nuria tendría que esforzarse mucho para poner en duda y rechazar cada una de las frases “hechas” escuchadas durante años, enfrentarse a cada situación desde otro lugar y con una mirada que aún no tenía y que tendría que aprender a manejar y, a partir de ahí, volver a “montar su historia”.

No será fácil porque Nuria lleva años buscando argumentos lógicos para dar sentido a cada sentencia de su madre, años buscando en clase pruebas de lo que de ella comentan, años atando a su fiera e invisibilizando su tristeza… es decir, buscando la confirmación de todo esto y descartando aquello que no lo hace (sesgo de confirmación).

«Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil.

Albert Einstein

Nuria tendrá el reto de desenmascarar todos sus pensamientos deformados y marcados por la subjetividad; tendrá que aprender a “no saber” lo que ocurrirá, a soltar el control, a no conocer las consecuencias, a creer en ella, en sus propias percepciones… a romper el efecto Pigmalión.

Durante años su madre ha ido influyendo sobre ella; las creencias maternas han modelado sus comportamientos y desde ahí lo que Nuria realmente es. No tuvo otra salida en la infancia ahora sí puede haberla.

¿Lo veis?… sí, estoy segura. Entonces, estemos atentas:

  • El lenguaje importa y viene directamente influenciado por nuestro pensamiento. En la medida en que nos damos cuenta de nuestra rigidez o nuestra flexibilidad, en la medida en que vivimos en presente o enfocamos en el pasado o en el futuro… nuestras palabras se irán forjando y saber cómo estas nos afectan es importante. No es lo mismo decir “eres una floja que no llegará a nada” que “sabes que no te has esforzado todo lo que podías en esta asignatura. Estoy convencida de que de hacerlo la superarás sin problema”.
  • Lo que decimos no siempre coincide con lo que nuestro cuerpo manifiesta. Cuidado.
  • No descartes, de entrada, ninguna de las percepciones y sensaciones que un acontecimiento concreto te despierta y busca en ellas si realmente todas son reales. Descarta aquellas que no lo sean (es difícil, cuando llevas años haciendo justo lo contrario).
  • Evita las etiquetas hacia ti misma y hacia las demás personas.
  • La historia se repite y, en contra de lo que hemos escuchado toda la vida: no siempre tiene que ser la misma y mucho menos provocar las mismas consecuencias.
  • Tu actitud es importante. Busca otras formas, descarta las que no te sirven. La confianza en una misma es transcendental.
  • Quédate con lo que no pasó tal y como lo preveías (Profecías no cumplidas). En ocasiones es necesario ayuda profesional para lograrlo. No lo descartes.

No dejemos que las profecías nos condicionen.

«Para saber quién eres en realidad, a veces, es necesario olvidar lo que otras personas dijeron que eres».

Eva Carballar

BIBLIOGRAFÍA

Robert K. Merton K, R. (1946) Teoría y Estructura Sociales. Ed. S.L. fondo de cultura económica de España. México.

Sánchez Hernández, M y López Fernández, A. (2005). Pigmalión en la escuela. Publicaciones: Eduardo Mosches. México.

* Artículo respetuoso con la diversidad. Intento utilizar lenguaje inclusivo y no sexista siempre que me es posible. He decidido minimizar los desdoblamientos y el uso de x, @, / para facilitar su lectura.

2 comentarios en “PROFECÍAS AUTOCUMPLIDAS Y EFECTO PIGMALIÓN

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