LO QUE NO ES LA ADOLESCENCIA. La fuerza de los mitos.

Quizás la etapa vital más desconocida de manera generalizada sea la ADOLESCENCIA ¿no creéis?. A mi me gusta decir que es la etapa más “mal conocida”.

Situarla en una edad concreta tampoco es lo más apropiado, dado que hay quienes pueden iniciar esta etapa sobre los diez años y quien inicia a los trece; de manera generalizada suele situarse entre los once-doce años y continuar hasta la veintena.

Lo que sí parece coincidir en todas las culturas es su consideración como “momento de grandes cambios, de grandes retos” tanto para los y las adolescentes como para sus cuidadores.

Y claro, como gran desafío, como gran reto, está repleta de grandes “misiones” a las que no siempre, padres y madres, somos capaces de mirar con tranquilidad y confianza.

En este caso como en otros muchos, cada persona tiene su teoría (más o menos contrastada), su razonamiento (más o menos lógico), sus ideales de lo que “debería” ser y por supuesto el temido “… en mis tiempos…”.

La adolescencia es una etapa tan rica como asombrosa, que asusta a mayores y llena de nuevas experiencias a chicos y chicas, un viaje emocional increíble que, a veces, no sabemos encauzar.

Como padres y madres nos cuesta guiar, sostener, acompañar… y en mi opinión, estas dificultades tienen mucho que ver con los incansables MITOS que la rodean. Voy a intentar desenmascarar algunos.

El primero que se me viene es el Mito de las Hormonas. Es como si, de pronto un batallón de hormonas se apoderase de nuestro hijo, de nuestra hija y lo transformase en un ser “casi diabólico” (exagero, aunque creedme que no mucho), que de pronto se ha vuelto loco, que hace cosas que nunca hizo y que a mí, adulta, me desestabilizan. Lo único cierto en todo esto es el aumento de las hormonas, todo lo que se les presupone que hacen es FALSO.

Por supuestísimo que la adolescencia es una época de cambios pero todos ellos son resultado de cambios en el desarrollo del cerebro, que va cambiando nuestra forma de pensar, razonar, relacionarnos. El cerebro va tomando forma y de ahí que tome fuerza: el probar cosas nuevas, las relaciones con iguales, la intensidad emocional y el razonamiento abstracto. Por supuesto que las hormonas están ahí pero no tienen todo el poder que les hemos dado.

Quién no ha escuchado alguna vez eso de “ya cuando pase esto será una persona independiente”: el Mito de la Independencia. No es discutible el impulso hacia la independencia pero eso no quiere decir que no nos necesiten o que no nos tengan en cuenta. Es un momento en el que nuestros vínculos se mueven, los apegos se transforman y de ahí que las relaciones sociales con sus iguales sean importantes. Daniel J. Siegel lo expresa claro:

aprendemos a pasar de necesitar el cariño de otros durante nuestra infancia a alejarnos de nuestros padres y apoyarnos más en nuestros iguales durante la adolescencia, para acabar dando cariño y recibiendo ayuda de otros. Eso es interdependencia”.

Daniel J. Siegel

Sobra decir que nos necesitan, quizás de otra manera a la que no estamos acostumbradas. Mientras se acercan al mundo que les rodea, se alejan un poco de sus figuras de apego y lo harán con confianza y seguridad sabiendo que seguimos ahí, que confiamos en ellos.

Quizás de los más sorprendentes es el Mito de la Inmadurez. Este me preocupa especialmente dado que da a la adolescencia un matiz tremendamente negativo, asimilándolo a momentos de grandes padecimientos, donde sí o sí hay que sufrir y no, no es así. La cuestión es que de pronto el mundo comienza a abrirse y aparecen nuevos retos, nuevas aventuras y ahí es donde pongo la vista: podemos verlas solo desde la cara del potencial peligroso (que toda nueva experiencia conlleva) o del sufrimiento, o podemos mirarla como un maravilloso momento donde ponernos a prueba, probar nuestros límites, nuestras habilidades, nuestros valores. La clave es ir dotándoles durante toda la vida del “semáforo” (verde: adelante; ámbar: adelante, con cuidado puede haber sorpresas y tienes que parar; rojo: para, tu integridad está en juego) para que puedan utilizarlo en su propio beneficio.

Hay otros mitos como que las chicas lo pasan peor que los chicos en la adolescencia o que en esta etapa prima la irresponsabilidad, ambos tremendamente negativos y, por supuesto falsos.

La adolescencia es un periodo maravilloso en el que cobra más sentido si cabe nuestro estilo parental. Un enfoque democrático donde afecto y límites vayan de la mano, donde seamos capaces de respetar la autonomía (según la edad), donde apoyamos y a la vez favorecemos la independencia. Donde les permitamos conocer el mundo con la seguridad de contar con nosotros.

La adolescencia es una etapa trascendental

hacia la persona adulta que seremos

* Artículo respetuoso con la diversidad. Intento utilizar lenguaje inclusivo y no sexista siempre que me es posible. He decidido minimizar los desdoblamientos y el uso de x, @, / para facilitar su lectura.

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