MARTES DE EMOCIONES. EMOCIONARSE… La PPTFA

20 años dan para mucho y en un colectivo como la PPTFA (Plataforma de Profesionales de Tratamiento Familiar), lleno de emociones tan polares como la alegría o la tristeza, la calma o la inseguridad, el miedo o el alivio… os podéis imaginar… entre éstas y otras muchas, a mí siempre me guía una: la GRATITUD.

Soy alguien a quien su vocación va guiando, nací en una familia donde “tener una vocación y a ser posible que sea tu profesión” era importante. En mis tiempos, ser la hija del medio y la primera chica de los tres no era fácil y creo que ahí, justo ahí, comenzó mi camino profesional. Tenía inquietudes, no quería quedarme atrás y tampoco me gustaba lo que empezaba a vislumbrar… así las cosas, comencé a vincularme a movimientos asociativos que luchaban por un mundo mejor: grupo de educación para la paz y la no violencia, medio ambiente, feminismo, antimilitarismo, educación transformadora… sin darme cuenta, fui haciéndome mi propia forma de estar en el mundo y, sin saberlo aún, comencé a poner granitos de arena.

Me formé, trabajé duro en lo que salía y colaboré con aquellos proyectos que me parecían una posibilidad para cambiar el mundo.

Casi de casualidad llegué al ETF, con mucho, mucho, miedo y aún más respeto. Todos estos pequeños senderos me fueron reconduciendo y, en mi inseguridad, comencé a buscar formas más humanas de acercarme a las familias, intentaba tratar de entender sus dificultades, las mil caras de una misma situación, el dolor invisible de la infancia, como diría Barudy. Y comencé a ampliar mi desarrollo personal y profesional.

Conocí personas maravillosas, compañeros y compañeras con un compromiso increíble; comenzamos con lo puesto y poco a poco, fuimos llenando nuestra maleta…

Gracias a Miguel Garrido, nuestro maestro de trinchera en los primeros años, pudimos darle sentido a lo que hacíamos. Él nos hizo sentir importantes y como la “madre suficientemente buena” de Winnicott, él fue acompañando nuestra necesidad, frustrándonos cuando fue necesario y saciando nuestra sed de aprendizaje… crecimos con él, nos definimos con él, fortalecimos nuestros vínculos y, como buenos adolescentes, tuvimos la necesidad de separarnos, sabiéndole ahí, teniéndole siempre presente. Celebrar nuestros 20 años sin él no hubiera sido posible. GRACIAS, MILLONES DE GRACIAS.

Personalmente, mi gran reto estos años ha sido navegar por todas y cada una de las emociones con las que me he ido encontrando…

La TERNURA, esa que aparece justo cuando nos pienso, con esas ganas locas de cambiar el mundo, atreviéndonos a equivocarnos, a hacer el ridículo o a llorar de impotencia. Esas supervisiones en las que Miguel Garrido, Íñigo Ochoa o Valentín Escudero (entre otr@s much@s) nos bajaban de golpe a la tierra sin dejar de cuidarnos, de confiar en nosotr@s, acompañándonos en nuestras tinieblas. Gracias.

La ALEGRÍA en cada encuentro, en cada reunión, con cada pequeño sueño… porque sí, éramos y somos disfrutones y eso, para mí, es un valor añadido: no hay encuentro sin un espacio para el autocuidado, para disfrutarnos y contarnos, para reencontrarnos.

La COMPASIÓN en cada despedida, la mayoría obligada (poc@s compañer@s han salido de los ETF por voluntad propia). Es la gran polaridad de nuestra historia, trabajar en la protección de la infancia, sintiéndonos totalmente desprotegidos por nuestra administración. Nunca olvidaré el cuatro de noviembre de 2014.

Y a partir de ahí, la INSEGURIDAD. Esta que nosotr@s y las familias a las que acompañábamos vivían cada año; proyectos de tratamiento que podían verse paralizados en cualquier momento y mi pensamiento recurrente: la revictimización de los niños, niñas y adolescentes que acompañábamos y a los que pudiera ser que también nosotr@s, sin querer, abandonáramos… tuvimos que aprender a navegar por los mares más agitados y much@s sobrevivimos, por el momento.

Porque si de algo sabemos en los ETF es del DESAMPARO, esa sensación que cada cual vive como puede cuando no se siente respaldad@ y que cuando la integras, la aceptas y tomas conciencia de ella puede hacerte florecer y entonces, resilientes, volvemos a ilusionarnos. La ILUSIÓN es la que nos ha permitido continuar el camino, alimentarnos, crecer y crear.

Y es ésto que hemos creado lo que me produce ADMIRACIÓN. Impresiona ver como l@s 462 técnicos y técnicas de los 144 equipos repartidos por Andalucía aún seguimos queriendo cambiar el mundo. Cada encuentro anual es un nuevo caudal de luz, una recarga energética, una caricia para nuestra alma.

Sentir la SATISFACCIÓN de estar en el lugar donde quiero estar y el ORGULLO de pertenecer a un colectivo en continuo crecimiento como la PPTFA. Esto es AMOR.  

Agradezco a mis compañeros y compañeras, a mis maestros y maestras, a todas y cada una de las personas a las que acompaño, la oportunidad que me ofrecen para continuar el camino y encontrar mi lugar en el mundo.

La infancia en riesgo, nuestro compromiso.

GRACIAS COMPAÑER@S, GRACIAS PPTFA

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