MARTES DE EMOCIONES. El ORGULLO, esa contradictoria sensación

El ORGULLO puede llegar a ser un lastre difícil de sostener. Almudena Grandes aludía a él en sus obras a menudo. Una escritora que entendía la vida escribiéndola y con todo lujo de detalles, nos hacía sentir cada línea como si realmente fuéramos la protagonista.

En este “Martes de Emociones” no quise que pasara desapercibida porque si buscásemos una escritora que nos haya enseñado sobre emociones y de cómo éstas nos atraviesan, ésta es ella, Almudena.

Desde “Las edades de Lulú” donde aprendimos las múltiples formas del deseo, pasando por “Malena no es un nombre de tango” o “Modelos de Mujer” hasta “La madre de Frankenstein”… todas cargadas de grandes pasiones, sensaciones y emociones que reprimidas o vividas son mostradas por Almudena en su máxima expresión. Amor, odio, miedo, asco, alegría, tristeza, culpa, deseo, admiración, frustración, hostilidad, remordimiento, compasión, vergüenza, gratitud…

Hay que ser muy valiente para pedir ayuda, ¿Sabes? Pero hay que ser todavía más valiente para aceptarla”, esta es una de sus grandes y conocidísimas frases en la que nos habla, sin hablar, del Orgullo.

Y es que según el diccionario de la Real Academia Española, el orgullo sería:

 1. m. Sentimiento de satisfacción por los logros, capacidades o méritos propios o por algo en lo que una persona se siente concernida. Sintió un gran orgullo al recibir el premio. 

2. m. Arrogancia, vanidad, exceso de estimación propia, que suele conllevar sentimiento de superioridad. A veces nos ciega el orgullo.

3. m. Amor propio, autoestima. Se sintió herido en su orgullo.

4. m. Persona o cosa que es motivo de orgullo (sentimiento de satisfacción). Es el orgullo de sus padres.

Así, podríamos referirnos al orgullo como algo que nos brinda la oportunidad de crecer o que, por el contrario nos lleva a la arrogancia, a la soberbia y, desde ahí, no hay crecimiento posible.

Se me ocurre una manera de verlo, a ver qué os parece:

1.- ORGULLO QUE RESTA.

Éste sería algo así como un orgullo egocéntrico y ensimismado que nos acordona a nosotras mismas y nos impide el crecimiento. En este caso, nuestros retos, nuestras metas podrían quedar reducidas a la mínima expresión “yo mismo”, es lo que yo suelo llamar el “yo mi me conmigo”. Caer en la pedantería es fácil desde aquí y muy cerquita, casi al lado, estaría la posibilidad de soledad (no deseada), la imposibilidad de crecimiento y, por supuesto la realidad de falsa creencia (“tal y como yo lo veo es la única forma posible de verlo”). Me resulta triste este tipo de orgullo así que he pensado, he reflexionado y sí, me he colocado al otro lado.

2.- ORGULLO QUE SUMA

En este, reconocer el amor propio es básico porque, digo yo, ¿Cómo podemos querer a otras personas si no nos queremos a nosotras mismas?. Ahí está una de las claves. Desde el amor a ti misma, impulsarte hacia tus propias metas y retos se hace más sencillo, aceptar que puedes estar equivocada te hace crecer y reconocerte importante logra que las equivocaciones no sean sentidas como un fracaso sino como una posibilidad más de crecimiento. Este tipo de orgullo te permite descubrirte, valorarte y aceptarte, con tus luces y tus sombras porque en la medida que puedes ponerles luz creces.

Me encantará leeros en vuestros comentarios.

Gracias Almudena Grandes!!!💜

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