CUANDO UNO MÁS UNO SUMAN MUCHO MÁS QUE DOS.

Hablemos de parejas

El mundo necesita AMOR. No hay nadie que llegue al final de sus días sin haberlo experienciado y, en esa experiencia, cada cual va creando sus propias definiciones, más o menos acertadas.

En mi caso, el amor siempre fue muy importante, en todas sus formas, tanto, que tuve que aprender mucho al respecto (para no perderme) hasta llegar a reconocerme, a quererme, a lo que hoy soy. El AMOR duele y acaricia, acaricia y duele. Tanto si hablamos del amor en la pareja o de cualquier otra forma de amor (familiar, propio, amistad, etc.), siempre comienza en una misma, en uno mismo.

En las relaciones de pareja no existe un patrón determinado o unas formas concretas y, por suerte, sí cada vez más curiosidad, de ahí que cada vez descubramos más maneras de entender el amor.

La mayoría de las tipologías que vamos conociendo, se basan en la “Teoría Triangular del Amor” (Robert Sternberg) que reconoce como componentes básicos en las relaciones la intimidad, la pasión y el compromiso; según interaccionen y se combinen estos componentes hablaremos de uno u otro tipo de relación.

Algunas de las más conocidas serían la  pareja sociable (existe intimidad y compromiso pero no pasión),la pareja híbrida (uno de sus miembros practica la monogamia y el otro puede mantener varias relaciones al mismo tiempo), la pareja swingers (relación “formal” sin estricto pacto de fidelidad),el poliamor (relación con varias parejas simultaneas, el amor no se limita a la monogamia), el enamoramiento (intimidad y pasión, no hay proyecto futuro) la pareja flexisexual (relaciones abiertas),la pareja fatua (existe pasión y compromiso pero no intimidad, el amor es unilateral), o la pareja consumada (intimidad, pasión y compromiso), entre otras.

Y entre tanta tipología, variedad y libertad ¿por qué tengo la sensación de que el mundo, en ocasiones no avanza o va hacia atrás?.

Consumimos emociones “positivas”, continuos mensajes de pretensiones idealizadas, queremos algo y lo queremos ya, y lo tenemos ya; asumimos verdades absolutas para ser felices sin pensar en que esto no deja de ser otro arma política más de control (ideológico) que, lejos de liberarnos, nos lleva a una continua frustración, dado que es imposible alcanzar el ideal, la felicidad que compramos.

Yo crecí pensando que para que llegaran a quererme tenía que dejar de verme a mí misma (dar, dar y más dar), creía en eso de la Media Naranja, no concebía crecer sin pareja y por supuesto sin cubrir todos su vacíos; y los celos, ¿Qué me decís de los celos?, eso era el no va más, era como que si no los manifestaba no era amor verdadero… Ahora, cuando miro hacia atrás y reconozco que todo esto estuvo en mí, me doy cuenta del arduo camino, del mucho trabajo personal que he hecho y agradezco poder acompañar a muchísimas personas, que como yo, tienen hoy interiorizadas todas estas cuestiones.

Desde que Luisa entró en aquella sala la vi, estaba rota, devastada, perdida. Tocaba acompañarla en un viaje duro y dulce, del miedo al amor. Esta situación no fue un problema para ella hasta que su hija, adolescente, comenzó a repetir patrones, antes – decía – “nunca me lo había ni planteado, simplemente era lo que me tocaba hacer”.

Como diría Carlos Yela (2003) los Mitos del amor románticoson el conjunto de creencias socialmente compartidas sobre la supuesta “verdadera naturaleza” del amor  y, que, al igual que sucede en otros ámbitos, también suelen ser ficticios, absurdos, engañosos, irracionales e imposibles de cumplir.”

El más generalizado es, quizás, el Mito de la media naranja, es decir, para estar completas necesitamos encontrar a nuestra otra mitad. Desde ahí, partimos de la idea de que somos seres incompletos y además estamos predestinados.

Esa sería la primera estación de Luisa: el amor consciente. Estoy con la persona que quiero estar, soy compatible, podría estar con muchas otras y decido, deseo, compartir mis días con esta.

¡Cuántas parejas ancladas, estancadas, en la firme creencia de que el amor todo lo puede!, es el Mito de la omnipotencia del amor. Es difícil entender y mucho menos explicar en unas líneas que, en ocasiones, el amor no lo puede todo. Las dificultades de la vida diaria, los problemas económicos, la enfermedad… pueden desbordarnos. A Luisa le tocaba tomar decisiones y buscar soluciones aunque fueran dolorosas y, a veces, éstas (alejarse o dejar ir) son la mayor prueba de amor.

Y claro, como la mayoría de nuestra generación, Luisa creció en una época donde el género determinaba cómo debía comportarse y a ella le tocaba ser delicada, dulce y sumisa (entre otras cosas); hablamos del Mito del príncipe azul y la princesa maravillosa. Aquí es donde más presente se le hacía el miedo por su hija ¿habría ella inculcado lo mismo aún poniendo intención en no hacerlo?. Su hija, como ella, vivía en este momento para su pareja.

Hay otros como el Mito de la fusión (1+1=1) o el del emparejamiento (el amor requiere entrega total) y desterrarlos sigue siendo un reto de grandes dimensiones si queremos poder construir relaciones basadas en la igualdad, la libertad y el respeto.

El trabajo con Luisa requirió paciencia y perseverancia, honestidad y humildad y, sobre todo, mucha compasión. Requirió, igualmente, un enfoque feminista e integrativo que respetaba su individualidad. Ser capaz de pasar del “no puedo vivir sin ti” a “sin ti también me iría bien” le hizo descargar una mochila pesada y resquebrajada por los años. A medida que ella se iba recolocando su hija también lo hacía.

En Gestalt creemos firmemente que uno más uno suman mas que dos, somos seres completos y desde ahí, no necesitamos a nadie que nos complete; quiero y/o deseo compartir mi vida con alguien.

Aunque parece que en la actualidad los roles van suavizándose, no nos engañemos, aún queda un largo camino hasta entender la pareja como un equipo en igualdad de condiciones donde el respeto y la libertad sean los pilares fundamentales.

En mi caso, supe que todo estaba bien cuando me di cuenta que era capaz de caminar con mis propios pies, a la vez que podía tomar la mano de mi compañero de viaje (mi marido) y mirábamos en la misma dirección.


BIBLIOGRAFÍA

  • GARRIGA, J. (2013). El buen amor en la pareja. Barcelona: Destino (7ª Ed 2014)
  • GARRIGA, J. (2020). Bailando Juntos. Barcelona: Destino
  • GIL, J.L. y MENÉNDEZ, R (2020). Amor Romántico y Gestalt. Revista de Terapia Gestalt. Número 40

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