Personas adultas

Niñas, niños y adolescentes

El primer paso sería plantearnos por qué los niños, niñas y adolescentes llegan a terapia y darle valor a sus propias creaciones, dejar de pensar por ellos y ellas. Suelen, en general, ser niños, niñas y adolescentes a los que les cuesta establecer un buen contacto (con profesorado, padres, madres y/o pares) y generalmente tienen un pobre sentido de sí mism@s.

Es necesario acompañarles para conocer funciones de contacto como mirar, escuchar, tocar, saborear, oler, moverse, expresar sentimientos, ideas, pensamientos, curiosidades… Niños, niñas y adolescentes con dificultades emocionales tienden a aislarse, pueden anestesiar sus sensaciones, bloquear sus emociones y cerrar su mente, lo que afecta su crecimiento sano y agrava sus dificultades. Mi labor comenzaría por ayudarles, acompañarles en recuperar esas partes bloqueadas a través de técnicas expresivas y creativas, hasta llegar a dotarles de la sensación de fortaleza en la que ellas y ellos aumenten el autoapoyo y experimenten el sentido de sí mismo.

Se trata de un proceso terapéutico suave y fluido en el que toma importancia atender a lo corporal, respetar los límites y los tiempos, poder identificar sus creaciones, en definitiva, ayudarles a darse cuenta de sí mismo y trabajar sus potencialidades. En paralelo, el trabajo con los padres, madres y/o personas cuidadoras se hace necesario: mostrarles el proceso es esencial para convertirlos en aliados, en lugar seguro, en refugio, en pilares donde el niño, niña o adolescente pueda descansar y apoyarse cada vez que lo necesite.